Cusco: Nuestro lugar en el mundo

La Plaza al Atardecer.

Bueno, como suele suceder con las resoluciones de año nuevo, no la cumplimos. No escribimos cada semana como nos habíamos prometido y eso que recién estamos a Marzo! Pero para no dejar esto en nada, y porque no hemos sacado fotos de nada nuevo en la casa, ahora que tengo un rato libre voy a escribir de otra de las pasiones que se mueven en esta casa…viajar.

Cuando te gusta viajar son muy pocos los lugares de los que te vas sin apreciar algo, aunque sea algo mínimo. Si no es la “onda”, es la comida. Si no es la arquitectura, es la naturaleza. Si no es su gente, por último es el clima. Pero de vez en cuando tienes la suerte de caer en un lugar donde aprecias todo. Donde, sin poder explicarlo bien, sientes una conexión con cada aspecto de ese lugar. Para nosotros, y de coincidencia, ese lugar es Cusco. Digo de coincidencia porque lo visitamos cada uno por su lado, en el caso de Hernán 2 veces.

Cusco es mágico. Cusco es distinto. Cusco transmite mucho más de lo que logras entender. Vuelves a casa y tratas de recapitular pero es difícil.

Cusco ofrece una emoción tras otra. Te subes a un taxi (que seguramente será un Tico) y temes por tu vida y te sientes un poco en Rápido y Furioso o Need for Speed. Comes hamburguesas de 1 s/. (30 centavos de dólar) como si no existiera el mañana (No sabemos si esto lo volveríamos a hacer y tampoco sabemos cuanto cuestan ahora jajajaja). Subir cualquier escalera te deja los pulmones reventados y pidiendo oxigeno (Viva oxishot!). Dudas si realmente necesitas o no un masaje cada vez que pasas por la plaza. Aprendes el arte de regatear, no muy sutilmente. Terminas aceptando que cada calle vende sólo 1 tipo de cosa (calle de las piñaterias, calle de las tiendas de coser, calle de los artículos de limpieza, etc.) Pero después de un tiempo hasta estas cosas se vuelven naturales y ya no tienes miedo de subirte al taxi, ya no la piensas tanto antes de comer en la calle, ya puedes subir una cuesta sin parar y si tienes que coser un pantalón ya sabes donde ir a comprar.

Sin dudas lo mejor de una ciudad como esta, es que hay de todo, para todos los gustos. Yo me pasé días enteros dentro de museos, visitando las hermosas iglesias y a veces sólo caminando apreciando y llenándome de cada rincón de este lugar. Hernán se pasó un mes entero dentro de Loki (cada uno saque sus conclusiones jajaja).

Hernán pide al finalizar este post que reivindique su nombre, que él no se pasó un mes entero metido en el Loki, que también hizo de turista “normal” pero que a la Catedral no entró porque le indignó que le cobren entrada. Y bueno, la prueba más exacta de eso la ven aquí en estas impactantes fotografías que tomó en este y tantos de sus otros viajes.

Ojalá cada persona pueda encontrar “su lugar en el mundo”. Por nuestra parte, sólo esperamos algún día poder volver a Cusco… esta vez juntos.

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